jueves, 12 de abril de 2018

El Choro arrolló en Cajasol


Antonio Molina “El Choro” (Huelva, 1985) presentó en Los Jueves Flamencos de Cajasol “Mi baile”, una selección de temas de sus dos primeras obras, “Aviso: Bayles de Jitanos”, estrenada en el Festival de Jerez de 2016, donde obtuvo el Premio Revelación, y “Gelem” recién estrenada también en el Festival de Jerez 2018. Dos obras en principio de temática gitana, coreografiadas sin embargo, por dos bailaores castellanos, su paisano Rafael Estévez y el granadino Manuel Liñán, respectivamente.

Fotografía: Remedios Malvárez. Cajasol

En todos los bailes que hizo El Choro mostró una personalidad arrolladora y evidenció la temprana madurez de un bailaor hecho y derecho. Hizo un baile visceral al que puso temperamento, garra, pasión y genio. Y, por supuesto, muy buenas maneras: unos pies seguros, rotundos, y un braceo expresivo, contundente, que adornó a base de pitos. Y llegó al espectador. Nos hizo sentir todo lo que a él le inspiraba el cante. Nos emocionó.
Principió con unos fandangos de su tierra, siguió con un paso a dos con Gema Moneo, una zarabanda que se alejó de esos movimientos miméticos de muchos bailes en pareja para convertirse en un diálogo rico y fértil del bailaor y la bailaora.

Fotografía: Remedios Malvárez. Cajasol

Se entregó por entero a la emoción con Pepe de Pura en una toná escalofriante. Se relajó por cantiñas con el cante y el toque de Jesús Corbacho. Y remató con una soleá impetuosa. Así es El Choro y así baila.

Fotografía: Remedios Malvárez. Cajasol
Fotografía: Jaime Martínez. Cajasol

Gema Moneo (Jerez, 1991), artista invitada, apuntó buenas cosas en una seguiriya intensa, muy al estilo de El Choro, a la que le imprimió ese personal desgarro que caracteriza al onubense.

Fotografía: Jaime Martínez. Cajasol

Atrás, los pusieron en suerte Jesús Corbacho, Pepe de Pura y Jonathan Jiménez al cante, con las guitarras de Juan Campallo y David Caro y la percusión de Paco Vega. Todos a pedir de boca.
Fue un recital de los que no entran muchos en las programaciones al uso.
                                                                                                                 José Luis Navarro








miércoles, 11 de abril de 2018

El eco de Paco de Lucía en Flamenco viene del Sur


José María Bandera (Algeciras, 1960) trajo al Teatro Central, dentro del ciclo “El Flamenco viene de Sur”, su adaptación de Canción Andaluza, la obra póstuma de Paco de Lucía, un trabajo estrenado en Algeciras en el IV Encuentro Internacional Paco de Lucía de 2017. Es su personal tributo a la memoria de su tío, con el que compartió muchos escenarios formando parte de su sexteto.


Para esta empresa, Bandera ha formado un quinteto con el instrumentista hispano-alemán Amir John Haddad ‘El Amir’ (guitarra y buzuki), Josemi Garzón (contrabajo), Israel Katumba (percusión) y Rafael de Utrera (cante).
Abren el espectáculo dos solos de guitarra: “Taró”, una granaína de Bandera, y “Origen del silencio”, una minera de El Amir.
Después llega el eco de Paco con “Ojos verdes”, los pasodobles, “Romance de valentía” y “Chiquita piconera”, el maridaje del tango y la bulería de “María de la O” y “Suspiros de España”, todo en versiones de los temas originales  tal vez ampliadas en exceso (por poner un par de ejemplos, “Ojos verdes”, 4’43’’ en Paco y 7’80’’ en Bandera y “Romance de valentía” 3’55’’ en Paco y 8’45’’ en Bandera).
Luego, una oportunidad para el lucimiento de Garzón y Katumba en un solo, “Reza”, con perfume jazzístico.
Aparece en escena Rafael de Utrera y resuenan sones caracoleros en las zambras “Romance de Juan Osuna” y “Manuela”, y el bolero “Te he de querer mientras viva”, con el regalo final de “Señorita” de Enrique Montoya.
Con todos ellos, el recuerdo de la genial guitara de Paco de Lucía sobrevoló el Teatro Central.
                                                                                            José Luis Navarro

jueves, 22 de marzo de 2018

Amador Rojas deslumbró a su paso por Sevilla




“Próxima parada, Sevilla” se anunciaba como el encuentro de “dos maestros, dos conceptos, dos estéticas”, un mano a mano entre Carmen Ledesma, el baile de ayer, el baile sevillano de mujer de siempre, y Amador Rojas, el baile de un futuro hecho presente. No hubo tal.

Fotografía: Jaime Martínez


En realidad, Carmen fue la artista invitada de un espectáculo concebido y protagonizado en su mayor parte por Amador Rojas. Puso, eso sí, unas pinceladas de esa elegancia que caracteriza el baile de la tierra y nos cautivó con unos brazos femeninos que dibujaron imágenes escultóricas. Solo en momentos contados se les vio juntos en escena.


Fotografía: Jaime Martínez


Amador llevó todo el peso del espectáculo. Hizo un baile híbrido hombre-mujer, cuerpo de hombre con andares, caderas y movimientos de mujer. Bailó apasionadamente. Fue un torbellino de auténticas diabluras danzarias. Se desmelenó literalmente. Dio saltos acrobáticos. Se movió en puntas. Zapateó con precisión y limpieza e hizo música con los pies —la escobilla de la soleá fue espectacular—. Derrochó imaginación y estuvo exuberante de creatividad. Y para que no faltase de nada, se elevó de punteras con las rodillas flexionadas reproduciendo el icono que ha quedado asociado a Michael Jackson. Fue un auténtico ciclón que pasó por Sevilla camino de otros horizontes en el mundo de la danza.

Fotografías: Remedios Malvárez


Atrás estuvieron acompañados por dos voces magníficas, María Vizárraga y Antonio Campos —cuánto tiempo hacía que no escuchaba la cartagenera del Morato que dice “Anoche fui al teatro y vide a la emperatriz”—, una buena guitarra, Eugenio Iglesias, un buen piano, Ramón Santiago, y una percusión, Luis Amador, que nos regaló un solo impresionante.
En total, fue exactamente una hora, que nos supo a poco y nos dejó con ganas de volverles a ver.
                                                                                                      José Luis Navarro




martes, 20 de marzo de 2018

Nuevos mimbres para bailes rancios


A la hora de montar un espectáculo hoy en día los flamencos se calientan los cascos para contar historias –cuanto más esotéricas mejor—. Hay veces en que merece la pena el empeño, pero la mayoría no, porque el aficionado asiste al teatro con el objetivo claro de ver buen baile y escuchar buen cante y buena guitarra. Y eso es lo que anoche ofreció la jerezana Mercedes Ruiz con “Déjame que te baile”, recientemente estrenado en el Festival de Jerez.


En esta ocasión, Mercedes se trajo a dos cantaores de su tierra, David Lagos y David Carpio, dos buenas voces capaces también de sacarle de las entrañas los sentimientos que nutrirían su baile —en Jerez fueron David Palomar y Jesús Méndez los encargados de este menester—. Al toque,   Santiago Lara, director musical del espectáculo, se bastó para crear el entramado musical idóneo para su baile. Perico Navarro (percusión), Javier Peña y Faé Ramos (palmas) completaron el cuadro.  A todos los fue sacando alante en las pataítas por fiesta con que cerró el espectáculo.
Y Mercedes puso las mudanzas.  Estuvo en plan maestra, dando una lección de todos los capítulos del baile flamenco: una clase de pies especialmente en la milonga-garrotín y seguiriya-martinete y bata de cola y palillos por alegrías, todo aderezado con brazos y manos sugerentes y expresivos en su delicadeza. Fue un modelo de plenitud en una carrera que empezó con solo 6 años, allá por 1986. Y para que nada faltase, la vimos mejor vestida que nunca —el diseño era de Jesús Ruiz— y con la mano de Paco López adivinándose en la dirección escénica. En conjunto, una noche de auténtico flamenco.

                                                                                                    José Luis Navarro

domingo, 18 de marzo de 2018

La Bienal que viene (8)


Los que no estarán

Sé que es imposible que en 25 días puedan pasar por los escenarios sevillanos todos los artistas con algo o mucho que ofrecer en el mundo del flamenco. Lo que no puede o no debe ser es que haya algunos que estén siempre y otros que no estén nunca o casi nunca.
Suele ocurrir que cuando se nombra a un nuevo director éste actúa como si la Bienal no hubiese existido antes de él. Bastaría un poco de buena voluntad y echar al menos una ojeada a ediciones anteriores. Tal vez la existencia de un Consejo Asesor más o menos permanente solucionaría estas injusticias.
He aquí, por poner algún ejemplo y sin pretender ser exhaustivo, algunos nombres del baile que ni están en esta edición, ni estuvieron en la de 2016: Sara Baras, Ángeles Gabaldón, Manuela Carrasco, David Pérez, Choni, Javier Latorre, Ballet Español de Murcia, Manuel Liñán, Alfonso Losa, Sara Calero, Belén López, Gema Moneo, Maribel Ramos, Fernando Jiménez… Seguro que con respecto al cante o al toque se podrían hacer unos listados similares.
                                                                                                           José Luis Navarro

sábado, 17 de marzo de 2018

La Bienal que viene (7)


Factoría Cultural

Entre las nuevas sedes de la próxima Bienal aparece Factoría Cultural los sábados 15, 22 y 29 de marzo a las 12 de la mañana. Pero, ¿qué es eso de Factoría Cultural?, ¿dónde está? No se lo van a creer, pero se trata de un espacio multifuncional de 3.300 m2 enclavado en las 3000 Viviendas, en la zona marginal probablemente más peligrosa de Sevilla, y lleva 3 años cerrado.



La siguiente pregunta es obvia: ¿Quién se va a atrever a ir allí? Yo, desde luego, no. Si se construyó para uso cultural de las asociaciones y artistas de ese barrio, utilícese para lo que se hizo, pero no se cometa el desatino de llevar allí una muestra que tiene carácter universal.  Y digo yo ¿por qué no llevar también algo al Vacie? Y es que nuestros políticos, salvo escasas excepciones, se caracterizan, entre otros desmanes dinerarios, por su estupidez y son capaces de urdir lo más descabellado que se pueda idear. Yo creo que, como el Flamenco les importa menos que un rábano, le han metido un gol a Zoido.
De momento, ni siquiera se ha anunciado qué artistas participarán en el ciclo bautizado con el sugerente título de “De la mano de…”, supongo que para que no se vayan a perder por las 3000.

viernes, 16 de marzo de 2018

La Bienal que viene (6)


El Hotel Triana

Desde hace muchas ediciones de la Bienal el Hotel Triana ha sido una de las sedes habituales.  Un local que tiene su público y su tradición. Con sus actuaciones a las 23.00 horas terminan muchos días. En la presente edición serán 4, a las que de alguna manera se viene a sumar un día, no entendemos por qué, el Teatro Lope de Vega.


Todas se caracterizan por el número de artistas, bien numeroso, que se da cita sobre su escenario. Artistas que se agrupan y hermanan por su origen (Lebrija, Cádiz, Utrera), su etnia (La cava de los gitanos) o algo más difícilmente definible (Son de peñas).
Sobre las tablas dispuestas en el patio de esa trianera institución se codean artistas de muy distinto nivel artístico, desde nombres consagrados (Inés Bacán, Rosario Toledo, David Palomar, José Anillo, El Junco, María Moreno, Ana Salazar, Edu Guerrero, Rafael Rodríguez, Óscar Lago, Juan Villar, Luisa Palicio, Rafael Campallo, José Valencia), hasta jóvenes o no tan jóvenes más o menos desconocidos (Juan Bacán, Curro Vargas, Concha y Conchita del Lagaña, Miguel Funi hijo, Fernanda Funi, Javier Heredia, Antonio Moya, Malena Chico, Samara Montañez, Anabel Ribera, Roberto Jaén, Juan José Villar, Manuel Cástulo, Alicia Gil, Cuchara de Utrera, Delia del Cuchara, Joselito Chico, Joselito del Pitín, Pitín hijo, Sofía Suárez, Alfonso Romero, Antonio Romero).
Y para darle un tono festivalero se suele montar un ambigú.
                                                                                                                    José Luis Navarro