jueves, 14 de diciembre de 2017

Choni y David Pérez reinventan el baile de pareja


Hoy que tan poco se prodiga el baile de pareja en los escenarios flamencos cuesta trabajo calificar lo que anoche hicieron Choni y David Pérez en la Sala Chicarreros. ¿Acto de valentía? ¿Divina locura? Seguro que ambas cosas. Es cierto que en la historia del baile flamenco existen modelos difícilmente superables para este tipo de creaciones. A la memoria nos viene aquella seguiriya que hiciesen Antonio y Rosario para Niebla y sol de José María Forqué. Pero lo de Choni y David nada tiene que ver con ella. Los dos sevillanos se lanzaron al vacío y reinventaron el baile de pareja. Fue un magistral derroche de imaginación y virtuosismo.
Foto: Remedios Malvárez. Cajasol
Envuelto todo con música electrónica y un perfecto engranaje de estilos que se sucedían uno a otro sin rupturas ni cortes perceptibles (farruca-rumba-cartagenera-levantica-seguiriya-martinete-granaína de guitarra-caracoles-caña) hicieron toda una exhibición de coordinación, armonía, arte y dominio técnico.
 
Fotos: Jaime Martínez. Cajasol
Los dos movieron faldas (David bata de cola, Choni alámbrica). Los dos dieron una lección de palillos. Los dos lucieron pies. Los dos jugaron con el mantón. Y David hizo auténticas diabluras con el bastón. Bailaron juntos y alternando poses esculturales con inspirados movimientos llenos de delicadeza y expresividad.
Foto: Jaime Martínez. Cajasol
Después de este alumbramiento artístico queda bien claro que, aunque parezca casi imposible, todavía se puede seguir inventando en el baile sin salirse de los cánones clásicos. Lo demostraron Choni y David Pérez.
Atrás vinieron muy bien arropados con Raúl Cantizano, director musical del espectáculo y una espléndida guitarra, y Javier Rivera, una buena voz.
Enhorabuena a los cuatro.
                                                                                                        José Luis Navarro

domingo, 10 de diciembre de 2017

Rafaela Carrasco reivindica a la mujer


Nacida sombra es un homenaje a la mujer. A cuatro mujeres que, cada una a su manera, quisieron ser libres y sobresalieron en una sociedad regida por hombres. Lo hicieron en un momento histórico —nuestro Siglo de Oro— en el que el papel de la mujer estaba limitado a ser esposa, madre o religiosa. Las encarnan sobre las tablas cuatro bailarinas flamencas. Rafaela Carrasco hace de Teresa de Cepeda y Ahumada (1515-1582), para unos Teresa de Ávila y para otros Santa Teresa de Jesús, religiosa y escritora. Una mujer emprendedora que fundó la Orden de las Carmelitas Descalzos y soñó otros mundos. Florencia O’Ryan es María de Zayas (1590-1661), una escritora que por encima de todo ejerció de mujer en los salones, ambientes e intrigas cortesanas. Carmen Angulo revive a Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (1661-1695), una mejicana que cambió su nombre por el de Sor Juana Inés de la Cruz cuando profesó como monja jerónima y dedicó su vida a leer y escribir, para ver al fin condenada su obra. Paula Comitre es María Calderón (1611-1646), la popular Calderona, una actriz que lució su garbo en los corrales de comedias y que fue amante de muchos, entre otros, el monarca Felipe IV y que, precisamente por eso, terminó encerrada en un convento. Las cuatro terminaron sus días alejadas del mundo.


Unas cartas imaginarias —idea de Álvaro Tato, autor de la dramaturgia—, leídas a la luz de cuatro lunas por Blanca Portillo, reivindican y nos acercan a sus cuitas y sus afanes. Unas cuitas y unos afanes que Rafaela, Florencia, Carmen y Paula bailan en la caja negra del escenario. Las cuatro hacen un baile que recuerda el pasado —folías, chacona, romance, danza de Marizápalos, villancidos—, vive el presente —la escobilla de las cantiñas de Rafaela fue impresionante— y se asoma al futuro —braceo y movimientos a veces contemporáneos—. Un baile que se ajusta en los solos a la idiosincrasia de las mujeres representadas y que Rafaela ha sabido adaptar a la personalidad artística de cada una de ellas: Rafaela-Teresa por soleá, Florencia-Zayas por seguiriya, Carmen-Juana Inés por guajira, Paula-La Calderona por tangos. Un baile, unas veces más místico, otras más sensual. Un baile de grupo a veces individualizado, otras más uniforme, pero siempre exquisito, en el que todas estuvieron realmente espléndidas. No entendemos, sin embargo, por qué Rafaela hubo de distinguirse vistiendo de rojo, salvo su condición de directora y coreógrafa, pero eso, desde un punto temático, no creemos justificase la diferencia.


Con todas ellas, apareciendo y desapareciendo de escena, estuvieron las voces de Antonio Campos y Miguel Ortega y las guitarras de Jesús Torres y Juan Antonio Suárez. La composición musical que describía textos y situaciones la firman Antonio Campos, Jesús Torres y Pablo Suárez.

sábado, 2 de diciembre de 2017

La poesía flamenca de Lutgardo García


Ludgardo (Sevilla, 1979) es médico y poeta y desde bien chico ama el Flamenco. Como poeta, consiguió en 2014 el accésit del Premio Adonais de Poesía por La viña perdida y un año después el V Premio Iberoamericano de Poesía “Hermanos Machado”  por  Lugar de lo sagrado. A gala lleva también haber sido pregonero de la Semana Santa sevillana.



La llave misteriosa (Editorial Renacimiento, 2017) es un conjunto de textos poéticos que reconstruyen, reescriben y describen los recuerdos y las emociones que Lutgardo ha vivido y sentido gracias al flamenco. El poeta ha crecido escuchando a cantaores y cantes antiguos. Ellos han sido para él las llaves mágicas, las llaves misteriosas, que le han abierto las puertas de sus propias memorias, de sus propios sentimientos.
En el libro hay anécdotas y hay ensoñaciones. Historias que él ha escuchado a sus mayores y visiones y fantasías imaginadas. Por sus páginas desfila la plana mayor del cante que algunos llaman puro. Ahí están, entre muchos otros, Manuel Torre, Juan Talega, Tomás y Pastora Pavón “La Niña de los Peines”, El Marrurro, Juanito Mojama, Don Antonio Chacón, Isabelita de Jerez, Manuel Vallejo, El Gloria, Joaquín de la Paula, Agujetas, Chano Lobato, José Menese y un recurrente Antonio Mairena. A esos festines de música añeja asiste también algún cantaor actual de ecos vetustos, como José Valencia, algún bailaor de tronío, como Antonio Ruiz Soler y su martinete, algún portento de las seis cuerdas, como Sabicas, o nombres ilustres del toreo, como Pepe Luis Vázquez, Antonio Ordónez, Rafael el Gallo y Manolete. Y no faltan esas efemérides que jalonan la historia del Flamenco: el Festival de 1962 en Córdoba y la Llave de Oro, el fusilamiento de Federico García Lorca o la “Razón incorpórea” mairenista.

Lutgardo hace inesperadas conexiones: Juanito Mojama—Rainer María Rilke—Doménikos Theotokópoulos El Greco;  Manuel Vallejo—Johann Sebastian Bach—Diego Velázquez—Juanelo Turriano;  la cogida y muerte de Manolete en Linares un 29 de agosto de 1947—la llegada de Eva Perón a España un 13 de julio de 1947—la explosión de un polvorín en Cádiz un 18 de agosto de 1947—una actuación de Manolo Caracol y Lola Flores en Zambra un día cualquiera de 1947. Hay también audaces comparaciones: Diego El Marrurro y Jonás; la Llave de Oro del Cante y el santo Grial; Antonio Mairena y el Rey Arturo; Juan Moneo “El Torta” y Job; y repetidas referencias a poetas y personajes mitológicos:  Hesíodo, Lorca, Ulises, Anubis, Osiris,…
Recurre a menudo a insospechadas metáforas. Aquí y allá surgen sorprendentes figuras retóricas: José de Paula “con los reptiles ojos de su angulado rostro”; Caracol, “poderoso saurio de pies planos”; a Tomás Pavón “lo esperan unos cuantos apóstoles para ver renacer  la tragedia de su verdad cantada”; Antonio Mairena “desempolvó legajos de tonás primitivas”[1]
Completan el libro unas semblanzas histórico-poéticas de cuantos cantaores importantes aparecen en él.
La llave misteriosa permite al lector ver todo con nuevos ojos. Ojos más perspicaces, más lúcidos, más clarividentes. Ojos capaces de entrever la realidad oculta de las cosas, lo que subyace a las formas primarias de contemporaneidad. Ojos mágicos capaces de adentrarse en el mundo de la poesía.
                                                                                                                                José Luis Navarro


[1] Véase https://www.youtube.com/watch?v=CImDPXoIBFE

domingo, 26 de noviembre de 2017

Arcángel rinde homenaje a los clásicos modernos


Francisco Arcángel Ramos “Arcángel”, galardonado el pasado febrero con la Medalla de Andalucía 2017, presentó anoche en el Teatro de la Maestranza de Sevilla “Abecedario flamenco”, un concierto interactivo en el que el cantaor onubense interpreta los temas más votados por sus seguidores en las redes sociales.
Es un sentido homenaje a cantes y cantaores que han alcanzado éxitos duraderos entre los aficionados al flamenco de las últimas décadas. Temas, en palabras de Arcángel, “con los que hemos crecido”.

Arranca con una seguiriya de Camarón (“Campanas al alba”) que funde con “Nuevo día” de Lole y Manuel. Luego, revive a su aire temas de Mercé (“Vivo cielo”, “Aire”), Camarón (“Canastera”), Enrique Morente (“El pequeño reloj”, La Romería de “Yerma”, “Los Tangos de la Plaza”), Miguel Poveda (“Buenas intenciones”, “Alfileres de colores”), Lole y Manuel (“Dime”), Mayte Martín y Falete (“S.O.S.”), Diego Carrasco (“Nana de colores”) con versos de “Ausencia” de Manuel Machado. Sin que falten, por supuesto, algunos fandangos de Huelva.
Le acompañan las palmas y coros de Macarena de la Torre y los Mellis, la percusión de Agustín Diassera, el bajo de Pedro Vinagre y las guitarras de Miguel Ángel Cortés y Dani de Morón, que se sumaron también a este homenaje a los maestros del flamenco moderno con ecos de “Maestranza” de Manolo Sanlúcar.
Entre todos ofrecieron un concierto de 2 horas de duración, engarzado por la voz de Arcángel, personal, cristalina y poderosa.
                                                                                                José Luis Navarro

jueves, 9 de noviembre de 2017

Angelita Montoya estrena “Versos olvidados”


Angelita Montoya (Sevilla, 1971) presentó anoche en los Jueves Flamencos de Cajasol su primer trabajo discográfico, Versos olvidados, estrenado el pasado 12 de marzo en Viladecans (Barcelona). Con él y de la mano de Alejandro Cruz Benavides, inicia Angelita una nueva andadura artística. Hasta ahora había destacado como consumada intérprete de la bulería, no en vano ha crecido y se ha hecho cantaora en el entorno familiar de los Montoya. Es hija de Antonio Montoya y de La Negra y hermana de Lole.
Fotografía: Jaime Martínez. Cortesía de Cajasol
Versos olvidados es un homenaje a la poesía de la mujer. A las mujeres de la generación del 27 que escribieron versos que han caído en el olvido.  Versos de Concha Méndez, Gloria de la Prada, María Teresa Roca de Togares, Casilda de Antón del Olmet, Josefa Pardo de Figueroa, Ana María Martínez Sagi, Cristina de Arteaga. Zenobia Camprubí y Carolina Valencia que se transforman en letras de zambras, soleá, alegrías, bolero, seguiriya, tangos, bulerías y fandangos. En ellos, Angelita luce una voz poderosa y rica en registros, con ese proverbial dominio del compás y de los tiempos musicales que caracteriza a los gitanos trianeros.
Versos olvidados es además un recital en el que el flamenco, liberado de cualquier estúpido prejuicio, dialoga con la canción. La estremecedora seguiriya  se hermana con la emoción que hacen sentir el bolero y la zambra.
Fotografía: Remedios Malvárez. Cortesía de Cajasol
Capítulo aparte merecen el extraordinario piano y la inspirada dirección musical de Alejandro Cruz, verdadero artífice del nuevo camino que emprende Angelita. Y lo mismo podemos decir de los músicos que la acompañan: la guitarra invitada de El Perla, la de Fran Cortés, la percusión de Manuel Moreno, los coros y palmas de Amparo Lagares y Manuel Valencia.
Fotografía: Jaime Martínez. Cortesía de Cajasol
La presentación de este trabajo discográfico ha estado cuidada hasta el más mínimo detalle. La puesta en escena —maleta, libros, luces, vestuario— es original y sugerente y el sonido y la iluminación han funcionado a pedir de boca.
                                                                                                                            José Luis Navarro

jueves, 2 de noviembre de 2017

Sara Calero lo bailó todo


Sara Calero (Madrid, 1983) presentó anoche en Cajasol su último espectáculo, Petisa loca, estrenado en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares el 10 de febrero pasado. Salió al escenario y  lo bailó todo. Los horrores de la guerra y los recuerdos de su abuelo. El sonido de la música electrónica de The Lab, la voz de Gema Caballero y los acordes de la guitarra de José Almarcha. Fue un auténtico vendaval rítmico y estético en el que, en un verdadero alarde de exuberancia coreográfica —flamenco, contemporáneo, danza española, folclore—, apenas repitió movimientos. Fue todo precisión, elegancia y exquisitez.  No faltó de nada. Hubo momentos de intensidad emotiva y apuntes de humor. Un espectáculo concebido y llevado a escena a conciencia, con meticulosidad, rigor y una férrea disciplina.

Fotografía: Remedios Malvárez. Cortesía de Cajasol


Petisa loca —así la llamaba su abuelo—, su sexto montaje, es completamente distinta a todo cuanto la madrileña ha hecho hasta ahora. Otro primer paso en una continua búsqueda de lo nuevo. Una obra personal e introspectiva en la que revive recuerdos y emociones. Una obra que nos habla con versos de Pablo Neruda de “aviones… moros…y sangre de niños”, pero también de “negritas” y “azuquita de la caña”. Una obra en la que juega con el abanico, toca los palillos, taconea,  y baila el "María Manuela ¿me escuchas?" de Rafael de León, tangos, tanguillos, soleá, fandangos, rumbas, guajiras y garrotín.

Fotografía Jaime Martínez. Cortesía de Cajasol.
Con Sara se luce la espléndida e inspirada guitarra de Almarcha y el cante fundamental de Caballero, verdadero pilar e hilo conductor del espectáculo. Lástima que la palabra, un elemento tan esencial en la obra, en muchos casos casi no se entienda, no sé si por problemas de sonido o de vocalización.

Fotografía Jaime Martínez. Cortesía de Cajasol.
No ha mucho que Sara Calero visitó Cajasol —11 de febrero de 2016— y ya estamos deseando que vuelva de nuevo a visitarnos.
                                                                                                                   José Luis Navarro


sábado, 21 de octubre de 2017

"... Aquel Silverio", estreno en Sevilla



Por fin pudimos ver en Sevilla “…Aquel Silverio”, estrenado en Jerez el pasado 24 de febrero. Una obra equívoca. Su autor la define como “un proyecto coreográfico, musical y flamenco sobre la figura, aportación, labor y repertorio de este gran artista, aunque después  la llama “fantasía coreográfica, musical y flamenca sobre Silverio Franconetti” y matiza “alejada del orden cronológico, de la recreación literal de épocas o de la creación teatral y coreográfica sobre su biografía”. Y eso es en definitiva lo que vimos anoche en el Teatro Central, una obra que inspirándose en ese cantaor, reinventa bailes de ayer y estrena coreografías de bailes que nadie interpretaba en tiempos de Silverio. La seguiriya de Nani Paños —un baile con toques de acrobacia y poca profundidad— es lo más llamativo en este sentido. Silverio hizo de ella un monumento al cante, pero a nadie se le ocurrió bailarla. Lo hizo Vicente Escudero ya bien entrado el XX y le dieron forma definitiva años después Rosario y Antonio (Véase Niebla y sol de José María Forqué. Merece la pena).

Silverio Franconetti (1831-1889)
“… Aquel Silverio” es un espectáculo algo desigual. Estévez ha conseguido hacer de su cuerpo de baile un conjunto de solistas que alcanzan momentos de una inusual brillantez con coreografías vibrantes, dinámicas, incluso vertiginosas. Hay también momentos menos afortunados. Unos rinden culto al ego del onubense y otros resultan algo deslavazados —parte de la estampa tauro-flamenca—. En conjunto una obra de prácticamente dos horas de duración que quedaría redonda si se redujese en 30 minutos.
Mención especial merece un magnífico cuerpo de baile formado por Sara Jiménez, Macarena López, Irene Correa, Nadia González, Carmen Yanes, Eduardo Leal, Martí Corbera, Borja Cortés y Alberto Sellés. En él destaca, eso sí, Sellés, que no solo baila sino que es además capaz de hacerse sus cantecitos derrochando eso que todos conocemos por flamencura. Asimismo sobresale Valeriano Paños, el bailarín principal, que eleva el canon de la elegancia en cada movimiento que hace.

Valeriano Paños
Completan el elenco las voces de Sebastián Cruz, José Luis García ‘Cheito’ y José Luis Pérez-Vera y las guitarras de Manuel Urbina y Pau Vallet.
Justo es también destacar la música de Jesús Guerrero con el asesoramiento de Guillermo Castro Buendía.
                                                                                                                    José Luis Navarro