miércoles, 24 de mayo de 2017

El cante flamenco sigue vivo



Como colofón al curso “Creación e investigación en el flamenco”, organizado por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo y la Bienal de Flamenco y dirigido por Rocío Márquez, se ha presentado en la Sala Turina Firmamento, el último trabajo discográfico de la cantaora onubense.


Para muchos cantaores —la mayoría, probablemente— los estilos flamencos son estructuras musicales sacralizadas por la tradición a las que el artista debe someterse escrupulosamente. Para otros, entre los que sin duda está Rocío, esos “palos” son fórmulas flexibles para transmitir vivencias o sentimientos. Son esquemas que están a disposición del artista y no a la inversa.
Firmamento es un ejemplo de esta actitud y una nueva búsqueda en un camino que ella inició hace ya años. En esta ocasión, Rocío se ha liberado además de las ataduras que las seis cuerdas podrían suponerle para desarrollar todo lo que quiere decir y cómo lo quiere decir. Ha optado por el Proyecto Lorca como compañeros de viaje. Un grupo formado por Antonio Moreno (percusión), Juan Jiménez (saxo) y Dani B. Marente (piano), con el que, por esas casualidades de la vida, entró en contacto a propósito del encargo que le hizo el Teatro Real en 2014 para un concierto en las actividades paralelas al estreno de la ópera El público de Mauricio Sotelo. Con ellos ha culminado un trabajo que es a la vez una invitación a compartir sus recuerdos y sus preocupaciones y una reivindicación de la mujer y de la problemática social que asola al mundo.
Con letras suyas y de otras mujeres, como la cantautora Christina Rosenvinge, la escritora Isabel Escudero, fallecida hace apenas un par de meses, la poetisa María Salgado o Santa Teresa, nos habla por tangos de cuando era niña, de inocencias perdidas por milonga, de tropiezos, alegrías y pesares por bulerías, de los mineros de Santa Cruz del Sil por minera, de la contaminación química de la ría de Huelva por fandangos, se acuerda de San Juan de la Cruz y de Enrique Morente por bambera, denuncia el machismo por romance y el drama de los refugiados sirios por caracoles. En un derroche de poderío nos sobrecoge por seguiriya y cierra esta parte con una seguidilla del XIX, “La dulce tiranía de la hermosura”, recogida por Don Preciso en su Colección de Coplas.
Completan el disco, a modo de epílogo, tres de las canciones que grabaron La Argentinita y Federico García Lorca  en 1931, “Nana de Sevilla”, “Anda, jaleo” y “Sones de Asturias” en las versiones del concierto que Rocío y el Proyecto Lorca diesen en el Teatro Real en 2014.
Firmamento es un disco valiente en el que Rocío combina estilos flamencos con canciones populares creando originales e inéditas composiciones y del que es justo destacar asimismo el extraordinario trabajo creativo de Antonio Moreno, Juan Jiménez y Daniel Marente.
Os lo recomendamos.
                                                                                                                     José Luis Navarro



martes, 23 de mayo de 2017

Despedida del ciclo “Flamenco viene del sur”


En principio la idea de dedicar un día en el ciclo “Flamenco viene del sur” a los ganadores del Festival de las Minas de La Unión podía parecer interesante, pero, como todo cheque en blanco, es una fórmula de colaboración sumamente arriesgada. El prestigio del Festival de La Unión está actualmente sobrevalorado. Todo depende de la corporación municipal que en cada momento rige ese pequeño pueblo murciano y ahí radica fundamentalmente el peligro. Los políticos, ya se sabe, ni tienen ni les interesa nada la cultura. Desde que se dedicaron a premiar a reputados cocineros —las buenas comilonas sí son lo suyo—, el Festival camina sin rumbo. Como anoche pudimos comprobar fuera de toda duda, los premios no siempre confirman la deseada calidad artística de sus aspirantes. Salvo Alfonso Aroca (Premio “Filón” 2016), tanto Antonia Contreras (Lámpara Minera 2016) como Alba Heredia (Desplante 2015) dejan bastante que desear.
Para terminar de empeorar las cosas, la función rozó las tres horas de duración. Por lo visto, no había nadie que organizase al menos un poco el programa. Simplemente se pusieron los tres, parece ser que por orden alfabético de sus apellidos, y que “sea lo que Dios quiera”. Y, claro, fue lo que Dios quiso. Aroca pretendió interpretar su disco Orilla del mundo (2014) y consumió 52 de los 90 minutos que se preveían para los tres. Antonia Contreras no quiso ser menos y se llevó cincuenta y tantos minutos en una actuación lo menos flamenca que se ha oído últimamente en el Teatro Central. Como ya la cosa pasaba de castaño oscuro, imaginamos que alguien le diría a Alba Heredia que no podía hacer los dos bailes que tenía anunciados. Y ella, ni corta ni perezosa, eliminó precisamente el que justificaba su presencia en el cartel, el taranto. Hizo una soleá que empezó con cierta delicadeza de movimientos hasta que llegó el momento de meter los pies. Aquello no eran pies, eran unos zapatazos estruendosos e insoportables. Luego, ya completamente desmelenada, terminó acompañando sus saltos de auténticos gritos de guerra. Le acompañó un atrás que no es que chillase más de la cuenta. Es que aquello era, como ahora se dice, “lo siguiente”. Ver que los tres salían a despedirse y que todo había terminado fue un agradable alivio.
Nos gusta ilustrar estas reseñas con algunas fotos de los protagonistas. No lo vamos a hacer, porque nos parece incomprensible que se prohíba a la prensa gráfica hacer fotos transcurridos los 10 primeros minutos de cada representación. El único que habría salido favorecido de semejante absurdo habría sido Alfonso Aroca. Ni Contreras ni Heredia habrían podido ver sus rostros en los medios. No encontramos explicación ante semejante insensatez, porque no se nos ocurre a quiénes pueden molestar, como no sea al que dispone estas normas, seguro que una de esas mentes calenturientas que disfrutan prohibiendo lo que sea.
                                                                                                                    José Luis Navarro

martes, 16 de mayo de 2017

Solo Flamenco


De sepia y oro llegaba al Teatro Central precedido por la concesión del XV Premio del Público en su reciente estreno, el pasado 23 de febrero, en el XXI Festival de Jerez. Y es que, aunque al final lo suela aplaudir todo, en el fondo el público sabe lo que le gusta, es decir, el flamenco. De hecho, Andrés Peña y Pilar Ogalla obtuvieron una valoración media de 9.57 de los espectadores que asistieron ese día al Teatro Villamarta.

Según la pareja protagonista, el espectáculo “busca en el baile su esencia para, desde el pasado, proyectarla al futuro”. Lo que no queda demasiado claro es a qué pasado se refieren, porque, desde luego, en los tiempos en los que, por citar un par de parejas míticas, Antonio Ramírez y La Macarrona y después Rosario y Antonio hacían sus dúos, cada baile apenas si sobrepasaba los 5 o 6 minutos. Lo que en realidad hacen hoy Peña y Ogalla es dejarse de historias y bailar. Bailar como se ha bailado hasta antes de ayer: con buen cante, buena guitarra, un vestuario adecuado y, como concesión a los nuevos tiempos, muy buen sonido.

Pilar y Andrés abren con unas cantiñas antológicas. Ella se luce con mantón y bata de cola y él con la clásica escobilla de pies. Sigue una farruca, también a dúo, con guiños a Antonio Gades. Luego, una ronda de seguiriyas y tonás a palo seco, rumbas y tanguillos rematados por Pilar con una guajira y unos tientos de Andrés que dan paso al cierre por soleá por bulerías. Todo salpicado con poses fotográficas —repetidas en la secuencia dedicada a los aplausos finales— que nos recordaban continuamente aquella foto memorable de Carlos Saura en Bodas de sangre.



Una muy particular mención merece el acompañamiento que traían los jerezanos: dos buenos palmeros, Diego Montoya y Miguel Catumba, cuatro magníficas voces, David Lagos, Melchora Ortega, David Carpio y Anabel Ribera, y una guitarra de excepción, Rafael Rodríguez. ¡Así bailan hasta las piedras!

                                                                                                                             José Luis Navarro

jueves, 11 de mayo de 2017

Esencial Isabel Bayón


Isabel Bayón prometió "un espectáculo hecho sin pretensiones, sin envoltorios, sin ideas conceptuales de por medio", lo tituló Lo esencial, y eso es lo que hizo en el escenario: bailar.
Hizo un baile cuidado en extremo —cada figura era una estampa de laboratorio—,   una exhibición de lo que hoy se conoce por Escuela Sevillana. Un baile académico.
Comenzó, vestida de rojo, por cantiñas e hizo una demostración canónica de cómo se mueve un mantón y una bata de cola.

Las remató, subida en una silla, rodeada de su grupo y luciendo una bata que llegaba hasta el suelo. Tal vez, lo único innecesario fue algún que otro paseo de sillas por escena.

Se vistió de negro y siguió por martinete, reproduciendo el zapateado que hiciese clásico otro sevillano, Antonio Ruiz Soler. Lástima que el sonido del tablao fuese tan opaco.

Se puso una nota de color en el atuendo y bailó y se hizo sus cantecitos por tangos. Cerró con una malagueña rubricada con su firma —el estilo que cada bailaora se inventa a su manera— y unos abandolaos que remató con todo su grupo. Fue el ayer y el hoy fundidos en nuevas mudanzas.

La acompañaron Antonio Campos y Miguel Ángel Soto “Londro” al cante y Jesús Torres a la guitarra.
                                                                                                                José Luis Navarro
                                                                                                    Fotos: Jaime Martínez. Cajasol


martes, 9 de mayo de 2017

Un concierto prescindible


Hay bastante verdad cuando se dice que el Flamenco viene del sur, pero sería una barbaridad decir que el Flamenco viene de Brasil. Viene esto al caso del último espectáculo del Teatro Central, dentro del ciclo “Flamenco viene de sur”.


Rubem Dantas (Salvador de Bahia, 1954) es un extraordinario cajista con un toque sutil, medido y respetuoso con los demás instrumentos. Es más, desde hace ya muchos años su nombre forma parte de la historia de este arte, gracias a su participación en el sexteto de Paco de Lucía, pero “Cajón Tour” tiene muy poco de Flamenco: apenas un tema de Paco de Lucía (“Tema de amor”), una muy personal soleá de Justo Heredia (“Las manillas del reloj”) y la penosa intervención de La Susi, incluida en el elenco de Dantas para actuar en Sevilla, pero salida de una importante afección de garganta. Dantas anunció también un tema por verdiales (“Julia”) y otro por tanguillos (“Al sur de su cintura”), cuyo compás me resultó completamente irreconocible.
Cajón Tour, dividido en dos partes —no sabemos por qué—, empezó interesando, para ir poco a poco cansando y terminar aburriendo. Es justo, sin embargo, mencionar también la actuación de José Fernández a la guitarra, Saray Fernández La Pitita al baile, y destacar la de José María Pedraza al piano y, muy especialmente, la de Joaquín Sánchez al clarinete y la armónica.
El público, que en Sevilla lo aplaude absolutamente todo, aplaudió un poquito al final casi por compromiso. Y es que si se ofrece Flamenco —muy especialmente en un ciclo dedicado específicamente a esta música— hay que dar Flamenco.
                                                                                                               José Luis Navarro

sábado, 29 de abril de 2017

Dos lecciones de cante y guitarra


El espectáculo Entre tarantas y tangos que tuvimos la fortuna de disfrutar anoche en la Peña “El Pozo de las Penas” de Los Palacios, forma parte de la acertadísima y valiosa iniciativa del ciclo “Conocer el flamenco”, auspiciado por Cajasol, cuyo fin queda patente en el título y  tiene un carácter marcadamente didáctico. De hecho, el espectáculo pretende prestar atención y dar a conocer ese flamenco que se ha ido configurando, no necesariamente dentro de las estrictas fronteras andaluzas, como ocurre con una serie de cantes con sello e identidad propia, pero todavía  poco conocidos o al menos poco frecuentados, como los cantes de labor, la riquísima gama de tarantas levantinas o los cantes extremeños. 
Los emisarios, acertadamente elegidos para este  pequeño periplo  de Entre tarantas y tangos por tierras andaluzas:  Córdoba, Sevilla (Fundación Blas Infante), Los Palacios (El Pozo de las Penas) y Montellano han sido:
Al cante: Raquel Cantero Díaz (Cáceres) y  Gema Jiménez Triguero (Jódar)
A la guitarra; Fran Capiscol (Torre Del Campo,Jaén).
 
Todos ellos con un amplio currículo y una sólida formación.
Tras la presentación de Manuel Herrera Rodas, que resaltó, precisamente, todos estos aspectos,  y sus respectivas trayectorias, comenzó el espectáculo, que superó con creces las expectativas. Con el privilegio que supone, el poder escuchar unas voces  y una guitarra al natural y el valor añadido de un público respetuoso y cálido a la vez.


Raquel comenzó su intervención con unos cantes de laboreo (una temporera de Montefrío, un cante de siega de Torre del Campo, seguido de un  cante de trilla, inspirado en el de Bernardo de los Lobitos, con un delicioso remate a media voz que ella le añadió de su cosecha. Delicioso a nuestro entender  y que el público aplaudió a rabiar. Siguió una impresionante caña, llena de matices y rematada por la soleá apolá.


Y cerró su actuación con un amplio, rico, y variado recorrido por los cantes señeros de Extremadura, Jaleos y tangos, en los que es una verdadera experta.
Su complicidad con la guitarra, permitió que, de mutuo acuerdo, nos permitiera escuchar amplios pasajes de ese toque, vibrante, intrépido, casi burlón, y con evidentes raíces  en el folklore popular que les caracteriza. Para nosotros, la guitarra de Fran Capiscol supuso un muy agradable descubrimiento. Por su musicalidad, pulsación y conocimiento.


Gema, con una evidente estética Marchenera, cantó  por tarantas seguidas de colombianas. El tercer bloque estaba compuesto por el romance de Gerineldo, el pregón del Uvero —muy celebrado, como era de esperar, por el público de Los Palacios— y que remató por cabales. El último bloque estaba constituido por una variada serie de fandangos.
Mi enhorabuena a todos.
                                                                                                                                       Eulalia Pablo

martes, 25 de abril de 2017

"Guerrero", Guerrero


“Guerrero” es un título ambiguo. Por un lado, es el primer apellido de su autor y protagonista; por otro, es una actitud ante la vida. Ambas están en esta obra.


Cante a cante y baile a baile, ”Guerrero” nos habla de la relación hombre-mujer y los sentimientos que ocasiona. Tres mujeres cantan al amor, a la tristeza, a la ternura y al  goce de vivir. Cuatro momentos que titula “Melancolía”, “Desamor”, “Vida” y “Verdades, mentiras y silencio” y que remata, acordándose de su terruño con “Aires de sal”.




Se inspira en la saeta, la malagueña, el fandango, la rondeña, el verdial, la granaína, la bulería por soleá, el polo, la nana, la seguiriya, la serrana, el tango, la zambra, la cantiña y el cuplé. Y todo lo baila Guerrero.
Guerrero es un artista en plenitud. Un atleta superdotado para la danza. Un bailaor con un dominio técnico prodigioso y una mente capaz de imaginar y dar forma en el escenario a las más insospechadas mudanzas, desde un cambré máximo y unas figuras imposibles, hasta unos inusitados y sorprendentes movimientos zoomórficos, como ese reptar por el suelo o andar en cuclillas de un lado al otro de la escena.


En conjunto, “Guerrero” es una reafirmación de su ego artístico y un espectáculo que asombra continuamente al espectador.
Con él tres voces femeninas, Anabel Rivera, Sandra Zarzana y Samara Montañez, acompañadas por las guitarras de Javier Ibáñez y Juan José Alba, ponen voz a sentires y quejas.
El espectáculo se enriquece con la dirección técnica y el diseño de luces de Félix Vázquez y Antonio Valiente, tan sugerente, creativa y cuidada, como poco corriente en la mayoría de los espectáculos que se muestran en nuestros teatros.
“Guerrero” se estrenó en el Palacio de Congresos de Cádiz el 16 de enero de 2016 y se repuso en el Festival de Jerez el 11 de marzo de 2017, obteniendo el Premio del Público.

                                                                                                                           José Luis Navarro