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martes, 29 de marzo de 2011

La Checa. Últimas actuaciones.


Y ya La Checa no volvió a salir de Madrid. Actuó en el  Cine Fuencarral, el Romea, el Price, de nuevo el Romea, el Ideal Rosales, y una vez más el Romea. Participó también en una función benéfica organizada por los alumnos de la Escuela Central de Comercio y en una fiesta celebrada en honor de los marqueses de Carisbroque, hermanos de S. M. la Reina doña Victoria (1).

Esto es algo de lo que dijeron los papeles:

El dúctil temperamento artístico de La Checa hace que triunfe en bailes de tan distinto carácter como la jota, y el americano del «Monyaco»; la farruca torera, obligando al público a premiar su trabajo con clamorosas ovaciones. Para remate y fin de su exquisita labor, ha deleitado diariamente a los espectadores, bailando acompañada a la guitarra por el notable profesor Luis Molina. Aparte de Pastora Imperio, gran maestra en estas cosas, quizás sean La Checa y Minerva solamente las que tienen estilo, y aciertan a dar en los bailes «flamencos» la nota de suma perfección.
En resumen, un triunfo definitivo para La Checa, y ovaciones clamorosas para ella y para Luis Molina.
Acción, 3 de abril de 1919.

Hoy ha debutado en Romea esta linda niña, que a la edad en que otras empiezan, ya se colocó en primera fila.
La Correspondencia de España, 3 de marzo de 1920.

Para el público de Romea no necesita La Checa tarjeta de presentación.
Siendo una niña —aún casi lo es— debutó en este aristocrático teatro, con el aplauso unánime y merecido del público. Y después, en actuaciones posteriores, los éxitos han ido en aumento, hasta conseguir ser una de las bailarinas predilectas de los habituales de Romea.
El arte de La Checa es personalísimo. No se parece a ninguna. Sus bailes no han sido dirigidos, ni amanerados por el mecanismo de una maestra, que enseña posturas y movimientos.
La Checa, que  desciende de artistas, que son y han sido honra de la literatura y del teatro, convencida de que el arte moderno de la danza no es mostrar mayor o menor agilidad de pies, sino que el baile exige actitudes, gusto y armonía, a conseguir esa modalidad del arte del baile dedicó su inteligencia y esfuerzo, y en ese aspecto consiguió rápidamente la categoría apetecida.
El público del Romea, comprendiéndolo así, la ovaciona con verdadero entusiasmo todos los días.
De los cinco bailes que estrenó ayer, hizo cinco creaciones.
Acción, 4 de marzo de 1920.

La Checa y Carmen Flores han preparado un escogido programa, figurando en el de la primera la danza titulada «Arabesca» de Tárrega.
Heraldo de Madrid, 6 de marzo de 1920.

La Checa, genial danzarina, estrenará el bailable «Gitana y árabe», del malogrado músico español G. Barrachina, página de admirable belleza, y que podemos asegurar que es interpretada por La Checa portentosamente. Sus «redobles» fuertes cuando así lo requiere el momento musical son enérgicos, sin titubeos ni vacilaciones, y ofrecen contraste con las filigranas que en «carrerillas», «avances» y otros giros presentan la exquisitez incomparable de esta gran artista.
Heraldo de Madrid, 16 de marzo de 1920.

ROMEA
Mañana, miércoles de gran moda, se despedirá del público de este teatro la genial danzarina La Checa. La amplitud de sus facultades artísticas la permiten hacer creaciones incopiables, como ha hecho de «Arabesca», danza ritmada con castañuelas en la que a diario es clamorosamente ovacionada.
Heraldo de Madrid, 16 de marzo de 1920.

Bailó la Checa bailes flamencos, acompañada a la guitarra por el notable profesor Montoya, y unas jotas, acompañada por el reputado maestro Yust, notabilísimo pianista; y la etiqueta propia de todos los actos a los que los Reyes asisten quedó rota por el entusiasmo que despertó la portentosa danzarina. Los bravos, los «olés» se sucedían sin cesar, y fue, en suma, aplaudidísima.
Su Majestad la Reina doña Victoria llamó a su presencia a Julia Fons y a La Checa, felicitó a ambas y dijo a la última que al bailar hablaba sin palabras, con las manos, con los piececitos, con el cuerpo todo y especialmente con los ojos, y que era la bailarina más expresiva que había visto.
Eco Artístico, 15 de abril de 1920.

ROMEA
La Checa
La Checa, de progenie de artistas y artista instintiva del baile, porque nació para bailar, no necesita presentación para el público de Romea. Desde niña  —aún lo es— bailó ante él con su aplauso y beneplácito. Hoy, La Checa se ha perfeccionado mucho.
Es bailarina original porque no hay en ella pasos estudiados ni actitudes aprendidas. Convencida, además, de que el baile es algo más que demostrar agilidades acrobáticas, ritma y da vida a sus bailes tanto con los ojos y el gesto como con los pies. Y si se añade a esto que su figurilla graciosa y gentil va envuelta con atavíos de irreprochable gusto y elegancia, se comprende sin esfuerzo que La Checa sea una de las bailarinas predilectas del público de Madrid, como lo será de toda España si las circunstancias de familia le permitieran ir a todos los teatros donde le ofrecen contratos.
Su éxito en Romea es tan justo como grande.
ORLANDO
Acción, 20 de noviembre de 1920.

La Checa termina 1920 con toda suerte de desgracias: primero su tía, Julita Fons, enferma y tiene que dejar por un tiempo los escenarios; después, en diciembre, fallece su padre. Ella abandona los teatros de varietés y se refugia en el cuerpo de baile del Teatro Real. Desde ese momento no hemos vuelto a ver su nombre en los papeles de noticias.

Su baile
En su baile había sabido conjugar la exquisitez y creatividad de Antonia Mercé la Argentina y la gracia y picardía de la Imperio. Pero, ante todo, era propio y singular, caracterizado por su imaginación y la expresividad que transmitía con todo su cuerpo, desde la mirada de sus ojos hasta los redobles que daba con los pies. Fue, además, una bailarina polifacética que atacó con valentía todo tipo de danzas.

Notas
1. Véase recorte del Eco Artístico, 15 de abril de 1920. En esta fiesta, actuaron también el Niño de las Marianas, Emilia Benito, Julita Fons y Teresita Camacho.

sábado, 19 de marzo de 2011

La Checa. Itinerarios habituales


Tras su cuarto debut en el Romea, La Checa baila en el Salón Pradera de Santander, aunque se desplaza a Madrid para participar en el beneficio que el Romea le da a la cancionista Carmen Flores, en el que hace unas alegrías, acompañada a la guitarra por Luis Molina. De lo escrito en la prensa santanderina, destacamos:
Ayer bailó una jota tan admirablemente, tan maravillosamente, con una precisión, una ligereza y una agilidad tan grandes, que arrancó un aplauso espontáneo que la obligó a repetirla. Y tras de ese número otros bailes, en los que repitió el éxito.
Eco Artístico, 5 de junio de 1918.

Luego, otra vez al Romea, con nuevo vestuario y nuevos números. La prensa, como siempre, se volcó con ella.
Debutó La Checa, que siendo casi una niña es hoy una «estrella» de los bailes españoles, y sobre todo de los andaluces.
No hay en el baile de La Checa ni las posturas rebuscadas, ni los pasos de academia, ni reminiscencias de ninguna otra artista; pero hay naturalidad, arte, distinción y entusiasmo, y la orientación de alguien que en todo lo que se refiere a bailes españoles es, seguramente, el más documentado y competente.
La Checa reanudó ayer los triunfos obtenidos en este teatro, siendo ovacionada con verdadero entusiasmo y estricta justicia.
Acción, 17 de febrero de 1919.

La Checa, a la que se puede tildar de eminente bailarina, de dúctil talento, pues en bailes tan distintos como el gallego, el americano y el andaluz, del maestro Font, alcanza calurosas ovaciones, y es, además, muy admirado todo su nuevo vestuario de Abaurrea, original, lujoso y adecuado.
Acción, 28 de febrero de 1919.

ROMEA.— Reapareció La Checa en la escena de este aristocrático teatro y su reaparición ha sido un éxito definitivo para esta notabilísima artista.
Con vestuario de excelente gusto, original y adecuado, estrenó tres bailes del maestro Font de Anta: “Sabeliña” (gallego), “Whisky” (americano) y “Sevillanerías” (andaluz), e los que demostró la flexibilidad de su talento, que el público premió con clamorosas ovaciones. Se repitieron estas por la artística interpretación que dio a otros bailes, y quedó consagrada la Checa, como bailarina prodigiosa y de primer rango.
Imparcial, 18 de febrero de 1919.

La Checa, de cuyo baile americano ¡Whisky! hemos oído decir a unos diplomáticos que, al verla, se sienten transportados a Baltimore y otros puntos del sur de los estados Unidos, donde se celebran bailes de negros. La Checa es ovacionada en todos los números de su repertorio.
La época, 22 de febrero de 1919.
 (continuará)

lunes, 14 de marzo de 2011

La Checa con Ramón Montoya en el Romea


Como había hecho desde que iniciase su andadura artística, tras realizar algunas actuaciones, siempre en ciudades importantes, La Checa volvió a recalar en el Romea madrileño. Sin embargo, en esta ocasión lo hacía con una novedad muy significativa: la presencia de un guitarrista netamente flamenco, Ramón Montoya, para muchos el mejor de su día. 


ROMEA.— La Checa y Montoya.— La notable artista La Checa, la bailarina del gesto y posición siempre en armonía con el momento rítmico de la danza, ha obtenido un éxito definitivo en los bailes andaluces que interpreta, acompañada a la guitarra por el notable profesor R. Montoya.
Este éxito, que aumenta los triunfos alcanzados    anteriormente por La Checa, hace que el público, que la ovaciona diariamente, la considere ya como estrella del género de variedades.
Montoya, el mago de la guitarra, es también aplaudidísimo.
Acción, 22 de abril de 1918.

Ha reaparecido nuevamente La Checa, artista que ya ocupa un magnífico lugar en su género. Actualmente gusta extraordinariamente en sus bailes ejecutados a guitarra, acompañada por el notable tocador Ramón Montoya. Especialmente en las «Alegrías» y «Bulerías», la chica obtiene un éxito personal.
Eco Artístico, 25 de abril de 1918.
(continuará)

jueves, 3 de marzo de 2011

La Checa. Nueva gira y otra vez el Romea


Tras bailar en el Romea, actuaciones en Eldorado de Barcelona, veraneo familiar en Sanlúcar de Barrameda y nueva gira por El Liceo de Salamanca, el Teatro Circo de Zaragoza, el Gran Casino de San Sebastián y  el Casino del Sardinero de Santander,  para volver a presentarse en el Romea el 17 de diciembre de ese año, compartiendo cartel nada menos que con Pastora Imperio.


Allí, continuó ampliando su repertorio:
La Checa bailará la próxima semana una danza de Grieg, ritmada con castañuelas, número que ensaya ahora y que, sin duda por su difícil ejecución, solo fue bailado hace años por Antonia Mercé (La Argentina)
Acción, 21 del diciembre de 1917.

Romea. Desde que hace años bailó la admirable “Danza número a” de Grieg la célebre artista Antonia Merced “La Argentina”, ninguna otra había bailado la referida danza hasta que la notable artista La Checa la ha ritmado con castañuelas, alcanzado una calurosa ovación.
La Checa, que interpreta dicha danza como recuerdo y homenaje a la célebre artista antes citada, ha tenido un singular acierto digno de plácemes.
(El Imparcial, 27 de diciembre de 1917)
Y allí participó el 28 de diciembre en la popular función de Inocentes:
Romea.— De los teatros de “variétes” fue este el único donde se hizo función de Inocentes. Primeramente, la notable bailarina La Checa salió al público vestida de golfillo, y, subiendo al escenario, bailó admirablemente un tango. Después, la estupenda Pastora Imperio sustituyó al gracioso Quinci en su número de acrobatismo cómico, y por último, el citado Quinci hizo desternillarse al público de risa bailando los bailes gitanos de Pastora. La gente salió satisfechísima de la fiesta.
En la parte seria, La Checa bailó irreprochablemente, con el estilo de la inmensa Argentina, la danza de Grieg.
Y que nosotros sepamos no ha habido más inocentadas que las relatadas. Si alguna se quedó en el tintero, perdonen los interesados.
Acción, 29 de diciembre de 1917.
El 3 de enero se despidió del Romea para actuar en el Teatro Calderón de Valladolid y el Salón Gayarre de Bilbao. Federico García Sanchís escribió de ella en La Esfera:
Menos tonta y loca, parecerás más bonita… La Checa acertó a elegir su nombre, castizo como las haldas de faralares que llevaban las bailaoras  en tiempo de los toreros con patillas de boca de hacha. La Checa llegará a ser el ídolo de los públicos por las mismas cualidades que hoy la separan de la multitud. Espontánea, inspirada, feúcha, con un ángel diabólico, simpática hasta desarrugar el ceño de uno de esos graves varones que parecen bueyes, apasionadilla, gachona: un capricho. Sus manos destrenzan sus dedos sobre el moño, como si espolvorearan sal en su cabecita a pájaros. Todavía no es flor lo que ha de ser granada. Quiere decirse que, para enseñorearse del baile flamenco,  le faltan años, no de estudio, sino de cavilaciones negras en mitad de los sueños de color de rosa. Sin embargo, en esos momentos cálidos y remotos  en que el cornetín suena en el fandango, acierta con actitudes de una profunda indolencia sensual. Cautiva, seduce con su mohín descarado y mimoso, destinado a hacerse célebre, como en otros climas la mueca de Mistinguet. La Checa surge como una víbora que picará los talones de las bayaderas inmóviles en su propia adoración…
La Esfera, 9 de marzo de 1918.
 (continuará)

miércoles, 23 de febrero de 2011

La Checa. Primera gira y de nuevo al Romea


De abril a julio de 1917, La Checa actuó entre “bravos” y “ovaciones entusiastas” en el Teatro Jovellanos de Oviedo, el Teatro Dindurra de Gijón, el Circo de Córdoba y el Salón Llorens de Sevilla. Así era entonces:


La prensa que reseñó estos éxitos nos ha dejado también interesantísimos detalles de su repertorio:
OVIEDO
Teatro Jovellanos.— Se despidió La Checa, monísima y notable bailarina que encantó al público desde su debut, que lo verificó con los números «Romeros del Albaicín», de Font;  «Wilmington», Aroca; «Zaragata», Orejón; «Bulerías de La Checa», también de Orejón, y «Del Moncayo», de M. Espiga.
Intérprete incomparable fue además La Checa de «Sevilla», Albéniz; «La feuchilla», Orejón; «El fandanguillo», de Aroca;, y las «Alegrías clásicas», de Romero.
La Checa dejó aquí recuerdos imborrable y una legión de admiradores.
Eco Artístico, 25 de abril de 1917.
El 9 de julio de 1917, La Checa volvía al Romea. De lo mucho que salió en la prensa destacamos la siguiente gacetilla:
La característica de esta notable artista es la gracia personal en fiel balanza con una exquisita distinción. Su gesto, ese gesto inocente y pícaro a la vez, imprime a los bailes que interpreta un sello especial y exclusivo de esta danzarina. Respecto a sus movimientos, jamás se advierte en ella una brusquedad ni un descuido que descomponga la línea, siempre artística.
Ayer debutó la Checa, con un repertorio nada vulgar y de difícil ejecución, y el triunfo fue grande, por unánime voto del público, que la aplaudió con entusiasmo. Su actuación será corta, pues ha de debutar en Barcelona en fecha próxima.
Acción, 10 de junio de 1917.

(continuará)

domingo, 13 de febrero de 2011

La Checa. Debut en el Romea


El 26 de enero de 1917, La Época anuncia su debut en el Romea para el 1 de febrero “con su repertorio de canciones y bailes netamente españoles, entre ellos el Polo gitano, del maestro D. Tomás Bretón”. Por su parte, El Liberal de 30 de enero profetizaba:
La Checa, joven bailarina, que es una notabilidad y que va a hacer una verdadera revolución. Vimos a la Checa hace tres días en un «avant premiére» que la Empresa de Romea dispuso para que artistas y críticos conocieran a esta novel bailarina, y sacamos la impresión de que de la Checa se hablará mucho, que su nombre figurará muy pronto entre los de la Argentina, la Argentinita, Julia Borrull y demás eminencias coreográficas…
Y si no ¡al tiempo!
ABEL AMADO
Y tras el debut, el 1 de febrero, todos se deshicieron en elogios.
Hemos dicho que hablaríamos de La Checa por separado. Bien se lo merece. Es una niña que anoche comenzó su carrera artística, y que en ese momento parecía principianta por su entusiasmo y veterana por lo acabado de su trabajo. Fue un éxito rotundo, terminante.
Su cara tiene un ángel que manda en su menudito cuerpo. Sus ojos hablan; sus gestos acompañan justamente los pasos de sus bailes, tiene picardía e inocencia; sus brazos sueltos, airosos, y sus pies se lo encuentran todo hecho en los bailes. El público estaba encantado del arte clásico de aquella linda muñeca y la aplaudió, la aplaudió mucho. Lo merecía.
En los recitados de los cuplés dijo admirablemente.
Es una artista que empieza y ya está en pleno triunfo. Enhorabuena, chiquilla.
El Día, 2 de febrero de 1917.

Lo que se esperaba con más curiosidad: el «debut» de la Checa, linda chiquilla que no desmiente su sangre. Figúrense ustedes que es sobrina de Julita y Elena Fons. Baila con agilidad y gracia, canta con picardía, tiene una bonita figura y ayer demostró un exquisito gusto en la elección de los números. No hay, pues, que decir que fue celebradísima. Al concluir su trabajo el escenario se llenó de flores, que la afortunada artista ha ido hoy  a depositar en la tumba de nuestro inolvidable compañero Saint-Aubin, como tributo de reconocimiento al que la descubrió y alentó para seguir la carrera tan brillante y halagüeñamente ayer comenzada.
Heraldo de Madrid, 2 de febrero de 1917.

La Checa, únicamente estando en el secreto, podemos decir que esta ha hecho sus primeras armas en el lindo teatro de la calle de Carretas. De lo contrario, al admirar su extraordinaria soltura y estupendo dominio de la escena, hubiéramos creído encontrarnos ante una artista de largo historial artístico, La Checa constituye un caso de verdadera  precocidad artística, presentándose y triunfando como una estrella rutilante del género que ha de cultivar. La majestuosidad de Pastora Imperio, la nerviosidad de Julia Borrull, la flexibilidad estupenda de Amparito Medina, el excepcional dominio del ritmo de La Argentinita y Nati la Bilbainita, son dotes que posee en sumo grado La Checa.
La Checa, que canta con gusto y voz agradable, interpretó admirablemente en su debut «La feuchilla» y «Bulerías de La Checa» del inspirado maestro  Felipe Orejón, y «Wilmongton», precioso baile americano del maestro Aroca, teniendo que repetir varios números más en cada sección.
El debut de La Checa debe enorgullecer a todos los que suspiramos por la dignificación del género de varietés, que cuenta desde el día primero con una estrella más en su constelación.
Eco Artístico, 5 de febrero de 1917.

Elvira tenía solo 14 años. El Mundo Gráfico (7 de febrero de 1917) nos dejó esta foto de aquel acontecimiento:



La Checa continuó “a teatro lleno”, una y otra vez prorrogada, hasta el 22 de marzo, que se despidió, celebrando, como era usual,  su beneficio. Eco Artístico (25 del marzo) resumía así este brillantísimo comienzo de su trayectoria artística:
Respecto a La Checa, justo es confesar que durante su actuación ha superado las esperanzas que nos hizo concebir el día de su debut. La Checa es ya una eminentísima bailarina que recorrerá en triunfo los principales Teatros de España.

(continuará)

domingo, 6 de febrero de 2011

Elvira Gómez Fons "La Checa"


La Checa se llamaba Elvira Gómez Fons y nació en Madrid en 1903. Bailó y cantó por pura afición y tuvo además la suerte de criarse en un entorno familiar en donde se respiraba arte: su tía, Julita Fons, era cupletista y su padre, Jerónimo Gómez, poeta y director artístico del Teatro Romea, el templo madrileño de las variedades. En ese prestigioso local debutó Elvira con solo 14 años. Todos estos detalles, así como el espíritu perfeccionista de la pequeña artista se los debemos a La Correspondencia de Madrid, que el 22 de marzo de 1920 le dedicaba media página a ella sola. Decía así:
LA CHECA
Es frecuente el caso de expresarse en una familia el temperamento artístico y hasta sucederse a generaciones y a los colaterales.
Así encontramos a Elvira Gómez Fons, que con sus buenas diecisiete primaveras y tres años de actuación ha conquistado un lugar de alta categoría entre las artistas de varietés.
¿Cómo se lanzó al escenario la niña artista?
Por afición solamente. Su padre, el digno funcionario de Gobernación D. Jerónimo Gómez, se encargó de la dirección artística de Romea desde que, como empresario, se quedó con el teatro D. Antonio Alesanco.
Culto escritor y aficionado inteligente de todas las manifestaciones artísticas, fue D. Jerónimo gran amigo del inolvidable D. Alejandro Saint-Aubin, y tanto el padre como el amigo, pudieron apreciar el exquisito temperamento de Elvirita, que con facilidad asombrosa cantaba y bailaba graciosa y con soltura las canciones que oía, en cuanto el piano le iniciaba los compases.
Para ella hizo su padre la letra del cuplé titulado «La Feuchilla», al que le puso música el maestro Orejón. Es una exageración de padre; los padres suelen exagerar en uno o en otro sentido al referirse a sus hijos, pues si en verdad las enjutas facciones de la chiquilla no eran venusianas, sus ojos, de una vivacidad simpática y un gesto gracioso, permitían darle el adjetivo de bonita sin faltar a la verdad.
Y a los catorce años tenemos a Elvira Gómez Fons, que con un nombre de una celebridad en el arte de varietés, el de La Checa, se presentaba en el lindo salón de la calle de Carretas y escuchaba merecidas ovaciones.
De triunfo en triunfo, cantando y bailando, recitando cuando así lo requiere el cuplé, con gracia y con infantil picardía, recorrió La Checa en dos años los escenarios de Eldorado, en Barcelona; del Teatro-Circo, en Zaragoza; de Llorens, en Sevilla; de Bretón, en Salamanca; del salón Gayarre, en Bilbao, y algunos otros.
Había motivo para esperar que siguiendo las tradiciones familiares, entre ellas de su tía, la notable Julita Fons, llegaría a alcanzar glorioso nombre artístico, y entre los aficionados se hacían comparaciones, siendo muchos los que creían ver en La Checa una digna continuadora del estilo de Pastora Imperio, que renovase y, a ser posible, superase ese modo peculiar, atrayente, de expresión, que llena un escenario y mantiene al público embelesado y jamás cansado durante media hora.
Una madrileñita gentil en el mismo terreno que la arrogante artista sevillana.
Pero de pronto, la niña, que tiene su corazoncito, decide no cantar más y dedicarse solamente al baile.
¿Qué le pasa? ¿A qué se debe su decisión?
Dejemos a Elvirita que con su infantil ingenuidad lo explique;
—No, si no es que no tenga voz. Si voz tengo bastante. Pero no sé qué tengo aquí en la garganta, que algunas veces, al atacar una nota, no me responde y no sale limpia. No necesito que nadie me lo diga, lo noto yo misma, y esto me hace estar preocupada, pensando siempre en la nota que no salga, y así no me gusta cantar. Por eso prefiero dedicarme solo al baile.
Y escuchamos esto cuando acabamos de verla bailar una jota de aires vivos, un baile violento y bailado con entusiasmo, y no la encontramos fatigada, sino tranquila.
Creemos que nada ha perdido el arte ni la misma Checa, pues esbelta como una palmera, ágil y graciosa, es una gran bailarina, con su estilo peculiar, consecuencia de que Elvira no baila académicamente, ni ha estado sujeta a la disciplina de una maestro de baile, pues ensaya con el maestro Font, que toca el piano, y conforme marca la música los compases, ella desarrolla en la danza el motivo, según su delicado sentimiento artístico.
Ha preparado su nuevo repertorio, que no puede ser más selecto. Para sus bailes han compuesto música los maestros Tárrega, Orejón, Font, Aroca, y Castillo el precioso baile titulado «El Guadalquivir».
Es de mencionar un baile gallego precioso, con música sobre motivos de «Maruxa».
A La Checa le gusta mucho el baile flamenco, y acompañada de la guitarra lo baila maravillosamente, aún cuando en su reciente actuación en Romea ha deslumbrado a los espectadores con su maravillosa interpretación de los bailes americanos.

Y este es el texto de la copla que le escribió su padre:

LA FEUCHA
I
                                                         Mi mare, mi hermana,
                                                         mi tía, mi abuela,
                                                         y pa no cansarles,
                                                         toa mi parentela,
                                                         son gente bailando
                                                         que no cabe más.
                                                         Y yo, según dicen,
                                                         soy una peonza,
                                                         una verdadera notabilidad.
II
                                                         Nasí feuchilla
          y estoy muy contenta
          con no ser bonita,
          pues, según mi cuenta,
          al fin y a la postre
          la jembra juncal
          envidia la suerte
          que tiene la fea,
          y esto, fracamente,
          me paese mal.


Y esta es la partitura:


(continuará)

jueves, 3 de febrero de 2011

La Checa




Hoy apenas si algunos recuerdan su nombre, pero en su momento fue una de las bailarinas que siguieron con fidelidad las enseñanzas y el estilo de La Argentina. Desde luego, su irrupción en el mundo artístico fue verdaderamente espectacular. Bien merece que le dediquemos alguna atención.

Ahora, para empezar, dejamos constancia de sus interpretaciones de la que llamó “farruca torera”.
Despedida de La Checa
Esta notabilísima artista ha terminado su brillante actuación en el “Cinema Fuencarral”. El dúctil temperamento artístico de La Checa hace que triunfe en bailes de tan distinto carácter como la jota, el americano “Monyaco” y la farruca torera, obligando al público a premiar su trabajo con clamorosas ovaciones. Para remate y fin de su exquisita labor, ha deleitado diariamente a los espectadores, bailando acompañada a la guitarra por el notable profesor Luis Molina. Aparte de Pastora Imperio, gran maestra en estas cosas, quizás sean La Checa y Minerva solamente las que tienen estilo, y aciertan a dar en los bailes “flamencos” la nota de suma perfección.
En resumen, un triunfo definitivo para La Checa, y ovaciones clamorosas para ella y para Luis Molina.
La Acción, 3 de abril de 1919.