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viernes, 26 de octubre de 2012

Los giraldillos de la Bienal


Como dice el refrán: "Nunca llueve a gusto de todos". A mí me han parecido acertados algunos premios; otros no tanto; y hay alguno que no termino de entender su porqué. Supongo que me pasa como le pasará a todo el mundo. Ya se sabe que, como dice otro dicho popular, "Para gustos se hicieron los colores".
 
 


Lo que parece fuera de toda duda es que deben replantearse algunas cosas para futuras ediciones de la Bienal. Sin intención de exhaustividad, creo que quienes vayan a formar parte del Jurado deberían saberlo desde el primer día de la Bienal. Por otro lado, debería asegurarse una presencia suficiente de sus miembros en todos los espectáculos, para evitar que ninguno pueda resultar perjudicado por la ausencia total de los mismos. Tampoco estaría de más que se garantizase la presencia de especialistas en cada una de las manifestaciones objeto de premio.

Dicho esto, esta es la relación de premios y premiados:

GIRALDILLO AL MOMENTO MÁGICO DE LA BIENAL: EL PELE POR SOLEÁ.

GIRALDILLO AL ARTISTA REVELACIÓN: PATRICIA GUERRERO

GIRALDILLO A LA MAESTRÍA: JAVIER LATORRE

GIRALDILLO AL CANTE: JOSÉ VALENCIA

GIRALDILLO AL BAILE : MARÍA PAGÉS

GIRALDILLO AL TOQUE: ANTONIO REY / DANI DE MORÓN EX AEQUO

GIRALDILLO AL MEJOR ESPECTÁCULO: ALELUYA ERÓTICA

GIRALDILLO A LA MEJOR COREOGRAFÍA: LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA

GIRALDILLO A LA MEJOR DIRECCIÓN ESCÉNICA: JUAN KRUZ POR ROMANCES

GIRALDILLO A LA MEJOR MÚSICA: LAS IDAS Y LAS VUELTAS

GIRALDILLO AL CANTE DE ACOMPAÑAMIENTO: JOSÉ ÁNGEL CARMONA POR ROSA, METAL, CENIZA

GIRALDILLO AL TOQUE DE ACOMPAÑAMIENTO: JUAN REQUENA

PREMIO ESPECIAL DEL JURADO: AL ESPECTÁCULO LA PUNTA Y LA RAÍZ.

Y estos son los miembros del jurado: Silvia Calado, Marta Carrasco, Cristina Cruces, Miguel Ángel Fernández, Manuel Herrera, Rafael Infante, Manuel Macías, Eulalia Pablo, Manuel Pedraz, Makiko Sakakura, Estela Zatania y Antonio Zoido. La Directora de la Bienal, Rosalía Gómez, estuvo presente con voz, pero sin voto.

Nuestra enhorabuena a todos los premiados.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Clausura de la Bienal 2012


La Bienal 2012 se despidió con un tributo a 6 maestros del baile: Mario Maya, José Galván, Manolo Marín, Matilde Coral, Farruco y Adelita Domingo. Fue una función amable y cariñosa en la que número a número se homenajearon a los que en Sevilla han enseñado a bailar y a ser artistas a varias generaciones de jóvenes.

Rafaela Carrasco, Pilar Ortega, Miriam Conde, Beatriz Santiago, Julia Acosta, Marco Vargas, Ángel Atienza, Manuel Betanzos, José Luis Vidal, Alejandro Rodríguez y Raúl Gómez interpretaron Tiempo de Mario Maya. Su hija Belén, sentada en una silla, se acordó del martinete que hacía Mario así. José Galván y su hija Pastora escenificaron por soleá la transmisión familiar de saberes. Rafael Campallo, Adela Campallo, José Luis Vidal, Francisco Mesa, Alejandro Rodríguez y Juan Aguirre hicieron los tangos de Flamencos del Altozano de su maestro Manolo Marín. Rafaela Carrasco, después de unas entrañables imágenes de Matilde Coral ejerciendo su magisterio, hizo cantiñas. Farruquito recordó por soleá a su abuelo. Y Merche Esmeralda bailó y cantó un garrotín para Adelita Domingo. El último número fue totalmente prescindible. Alargó el espectáculo más de la cuenta y no aportó absolutamente nada.

Foto: A. Asedo. Cortesía de la Bienal
De justicia es asimismo traer aquí los nombres de todos los que pusieron el cante y la música de estos números: José Antonio Rodríguez, Rafael Rodríguez Cabeza, Cano, Jesús Torres, Ramón Amador, Morito, Miguel Ortega, Antonio Campos, Moi de Morón, Antonio Zúñiga y Polito.

Rafaela Carrasco, como directora del espectáculo, enhebró con acierto esta sucesión de tributos, pero incurrió en un olvido clamoroso: Enrique el Cojo. Echamos también de menos algunos otros nombres. El de Milagros Mengíbar estuvo en la mente de muchos. Sabemos del empeño de Rosalía Gómez porque ella estuviera, pero la incomprensión y la mala gestión de su representante nos privaron del placer de verla sobre las tablas del Maestranza.


sábado, 29 de septiembre de 2012

Medea, una joya del BNE


El Ballet Nacional de España presentó en ese faraónico auditorio FIBES la Suite Sevilla de Antonio Najarro y Medea de José Granero, una carta de presentación del nuevo director del Ballet Nacional y una auténtica joya de su repertorio.

La Suite Sevilla, con música de Rafael Riqueni, es una obra bastante desigual cuyo recuerdo se desvanece cuando el espectador queda atrapado por la magia de Medea. Tuvo algunos momentos de cierta brillantez: los vivaces movimientos grupales de un bien disciplinado cuerpo de baile —"Feria" y Júbilo"—, un exquisito apunte bolero —"Calle del Infierno"—interpretado por Jessica de Diego; algunos lances originales en el paso a dos tauromáquico de Aloña Alonso y Mariano Bernal y algún pequeño disparate —"La Alfalfa"— en el que, para colmo, un sonido infame nos privó de gozar en toda su riqueza de la voz de Argentina. Lo demás ya lo hemos olvidado.


Foto: A. Acedo: Cortesía de la Bienal
Se estrenó el 19 de febrero de 2011 en el Teatro Mira de Pozuelo de Alarcón.

Medea fue una reproducción fiel y rigurosa de la obra que crearon en 1984 José Granero, Manuela Vargas y Manolo Sanlúcar. Por cierto que, cuando, finalizada su representación, el público aplaudía puesto en pie, esperamos que un foco sacase de las sombras a Manolo Sanlúcar, presente en la sala, para que todos pudiéramos también agradecerle esa grandiosa partitura. Pero en su lugar salió a saludar Najarro. Cosas que pasan...

Manuela Vargas en Medea

De Medea poco podemos decir que no hayamos escrito ya. Esto es lo que dijimos de su gestación*:

José Granero se encerró con Manuela Vargas y se empapó de su baile. Juntos analizaron la obra de Eurípides y luego todo fue coser y cantar. Así lo ha contado él:
Yo me encerré con ella antes de comenzar el ballet. Estuvimos una semana trabajando en la sede del ballet, solos los dos antes de empezar a hacer la coreografía. Yo quería estudiarla porque solo la conocía superficialmente en cuanto a su baile, y, claro, quería conocerla más profundamente. Quería saber cómo iba ella a encarar el personaje y cómo debía yo crearlo. Pero mi sorpresa fue grata porque Manuela es una mujer muy intuitiva. Nunca he trabajado más cómodo con nadie que con esta mujer: te entiende al momento, es algo muy especial. A pesar de lo difícil que es, es también muy especial. Nunca se inhibe por nada, todo lo que tú le pides ella lo entiende, te lo da, es generosa. Manuela Vargas fue una «Medea» excepcional, inolvidable, irrepetible.
En apenas mes y medio la coreografía estaba hecha y la obra se estrenaba en el madrileño Teatro de la Zarzuela el 13 de julio de 1984.

José Granero consiguió conjugar teatro y danza, dando vida a la tragedia de Eurípides [...] Manuela Vargas supo transmitir con una gestualidad precisa y convincente y unos movimientos sobrios y exactos toda la tragedia de celos, injusticias y venganza que vivía Medea. En el baile se hermanaban movimientos de la danza clásica, de la contemporánea y del flamenco. Todos eran reconocibles, pero ninguno resultaba fuera de lugar o inapropiado, porque Granero los utilizó con sabiduría, inteligencia y buen sentido.

Medea recorrió el mundo recibiendo el aplauso de todos los públicos y, gracias a ella, el Ballet Nacional obtuvo el Premio de Danza de la crítica de Nueva York. Desde entonces no ha dejado de formar parte del repertorio de esa compañía. Con ella Granero ha enriquecido la danza universal, incorporándole sentimientos y gestos, que por su intensidad, por su jondura, son sin duda flamencos y utilizando pasos y movimientos que también lo son. Hoy se la distingue como una de las coreografías emblemáticas en la evolución y renovación del ballet flamenco contemporáneo, una obra que ha marcado un hito en la historia del baile flamenco.

Anoche Lola Greco interpretó a Medea, Francisco Velasco a Jasón, Currillo a Creonte, Guadalupe Gómez a la nodriza y Miriam Mendoza a Creusa. Todos estuvieron solventes y eficaces.

* Véase Historia del baile flamenco, Vol. 3, Sevilla, Signatura Ediciones, págs. 107-110.


viernes, 28 de septiembre de 2012

La Celestina, otra obra maestra del ballet flamenco



Javier Latorre ha escrito muchas de las páginas más importantes de la historia del baile flamenco y de la danza contemporánea. Baste recordar algunos títulos verdaderamente excepcionales: Cosas de payos (1997), Poeta (1998) y Rinconete y Cortadillo (2002)*. Con La Celestina según él, lo mejor que ha hecho hasta ahora vuelve a sorprendernos con un nuevo hito histórico. En parte, debemos agradecérselo a Shoji Kojima que, cuando decidió  afrontar el montaje de esta obra, tuvo la sabiduría de poner en las manos de Latorre su coreografía y su dirección.

Foto: A. Acedo. Cortesía de la Bienal.
Latorre se puso manos a la obra. Contó con Chicuelo para la música una partitura brillante y conmovedora interpretada por Chicuelo y Flavio Rodrigues (guitarras), Olvido Lanza (violín), Jordi Claret (chelo) y Perico Navarro (percusión), eligió a bailarines, montó los bailes, dirigió la puesta en escena e incluso escribió algunos de los versos que, junto a los de Pablo Neruda, se escuchan en las voces de El Londro, Jesús Méndez y Mónica Navarro. Chiaki Horikoshi se encargó de la escenografía —imaginativa, sugerente, al más puro estilo nipón— y el resultado fue el que pudimos contemplar anoche. Una historia que, como habría dicho Pilar López, se entiende y se puede seguir perfectamente, que en eso radica la maestría de quien quiere contar algo con baile. Y no solo eso. La obra alcanza momentos de una belleza deslumbrante. El paso a dos de Calixto y Melibea es, para mí, lo mejor que en baile hemos podido ver hasta ahora en esta Bienal. Una auténtica gozada para cualquier balletómano.

Foto: A. Acedo. Cortesía de la Bienal.
El Ballet de Shoji Kojima estrenó esta Celestina el 27 de noviembre de 2009 en el Teatro de Guinza de Tokio. Anoche los papeles principales los encarnaron Kojima (Celestina), Cristian Lozano (Calixto), Tamara López (Melibea), Hugo López (Sempronio), Pablo Fraile (Pármeno), Ayumi Yanagiya (Elicia), Kanako Maeda (Areusa) y Antonio Ventura (centurio).


* Véase mi libro Historia del baile flamenco, vol.4, págs. 81-101.

El señorío de Latorre


Anoche pudo ser una actuación histórica. Seguro que nos queda mucho que disfrutar de las coreografías de Javier Latorre, pero verle bailar como lo hizo ayer no sé si tendré ocasión de volverlo a vivir. Porque Javier estuvo en maestro. Bailó "asentado" y "pastueño", como diría Vicente Escudero, e hizo gala de esa elegancia señorial que imprime Córdoba a sus artistas. ¡Enhorabuena, maestro!

El baile de Fuensanta la Moneta tuvo dos caras: antes y después de bailar con Latorre. Antes hizo farruca, malagueña y zapateado, pero no era La Moneta. Parecía indecisa, perdida en unos vericuetos dancísticos que no son los suyos. Después se despertó por soleá y seguiriyas y empezó a ser ella misma, a venirse arriba, a reconocerse y a expresarse como ella es: una bailaora temperamental. Echó toda la carne en el asador y, por fin, nos sedujo. Remató su faena por tientos azambraos, jaleos extremeños y soleá por bulerías. Todo teñido con las maneras propias de Granada.

Foto: A. Acedo. Cortesía de la Bienal
La acompañaron Luis Mariano a la guitarra, Miguel Lavi, Antonio el Nitro, Jaime Heredia el Parrón, Juan Ángel Tirado y Juan José Amador al cante, y Bobote y Miguel el Cheyenne a las palmas y la percusión.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Javier Barón & Esperanza Fernández


Contaba Vicente Escudero que a Antonio el de Bilbao se le ocurrió una tarde apilar todas las sillas del café cantante donde actuaba, tirarlas y reproducir con los pies todos y cada uno de los sonidos del estruendo que armaron al caer —Israel Galván hace algo similar en las últimas versiones de Solo y en La curva—. Pues eso es ni más ni menos lo que hizo anoche Javier Barón cuando reprodujo con absoluta precisión en su zapateado el solo que había hecho la percusión de José Carrasco.

Bueno, Javier hizo eso y muchas cosas más. Dio toda una lección de lo que es la Escuela Sevillana de baile de hombre: elegancia, naturalidad, espontaneidad, gracia y conocimiento del baile flamenco. No se puede bailar mejor. Ni hacer un recital de baile más imaginativo y variado. Hizo la malagueña y el fandango abandolao, bailó a Falla, se vistió de muletilla e hizo de toro y de torero, bailó a los sones del cornetín de Joaquín Eligio Brun "Kini Triana" y siguió con la toná del Cristo y el martinete, ejecutó tientos al cornetín y a la voz de Esperanza. Y completó y redondeó su recital por soleá y con unas cantiñas que nos dejaron a todos con la boca abierta.

Foto: A. Acedo. Cortesía de la Bienal
No se quedó atrás Esperanza Fernández. Cantó flamenco se recreó con las soleares de Alcalá y en las alegrías y cantó copla —vistió de flamenco Tatuaje de Manuel López-Quiroga, Rafael de León y Xandro Valerio—. Y volvió a emocionarnos con su interpretación de la "Canción del fuego fatuo" de El amor brujo de Manuel de Falla.

Salvador Gutiérrez estuvo soberbio a la guitarra, Bobote le puso unas gotas de regusto bulearero y Kini Triana se lució con la corneta. Lástima que la escenografía fuera un sin sentido y Ada Bonadei tuviera a los artistas casi todo el tiempo a media luz. ¿Cuándo aprenderán estos técnicos que el público paga por ¡¡¡ver!!! los espectáculos?

Cante Hondo de Manuel Machado: 100 años después

El miércoles 26 se celebró en la sede de la Bienal un coloquio sobre el libro de coplas que Manuel Machado publicó en 1912 con el título de Cante hondo. El acto estuvo organizado por la Casa de los Poetas y en él participaron Enrique Baltanás, Javier Salvago, José Luis Ortiz Nuevo y José Luis Rodríguez Ojeda. Esto es lo que dijo Ortiz Nuevo:

Antes de iniciarse el coloquio, Rosalía Gómez, directora de la Bienal, presentó las publicaciones de la presente edición, entre las que está este texto de Manuel Machado, coeditado en formato digital con la editorial Libros con Duende.



Otra publicación es Coraje. Del maestro Otero y su paso por el baile de José Luis Ortiz Nuevo, coeditado asimismo en formato digital con Libros con Duende. Un libro desde ahora imprescindible para conocer mejor al hombre, al bailarín, al coreógrafo y al maestro de bailes que fue José Otero Aranda. Un apretado haz de recortes de prensa con todo lo que dijeron de él los periódicos sevillanos de 1896 a 1951, en que José Andrés Vázquez escribió en ABC un suelto que tituló “El cuadro de Otero el inolvidable”. Ambos están ya a la venta online en www.librosconduende.es




La directora de la Bienal anunció también la próxima presentación del Tratado de Bailes del maestro Otero.








martes, 25 de septiembre de 2012

Campesinos airados



La consagración de la primavera de Igor Stravinski—en origen un rito pagano que glorifica el poder creador de la primavera— la estrenaron el 29 de mayo de 1913, en el Théâtre des Champs Élysées de París, los Ballets Rusos de Sergei Diaghilev. La coreografió Vaslav Nijinski. Desde entonces la han llevado a los principales escenarios del mundo algunos de los nombres más importantes de la historia de la danza: Léonide Massine (1920), Mary Wigman (1957), Maurice Béjart (1959), Kenneth MacMillan (1962), Pina Bausch (1975), Martha Graham (1984), el Ballet Joffrey (1987) y Angelin Preljocaj (2001). 

Vaslav Nijinski en La consagración de la primavera
Por fin, cuando solo falta un año para el primer centenario de su estreno, Rafael Estévez y Valeriano Paños, dos coreógrafos andaluces, se ha decidido a montarla en clave flamenca. Porque si bien vimos ecos y apuntes que nos hacían recordar las versiones de Nijinski y Béjart, la coreografía de Estévez y Paños le daba a la partitura de Stravinski, con la incorporación del taconeo, un aire nuevo, singular, propio y diferente, unas sonoridades que tenían un indiscutible sabor flamenco. Lograban así fundir el desgarro y el brillo de la música original con las sorprendentes y magníficas evoluciones grupales de un cuerpo de baile perfectamente conjuntado y eficaz (Rosana Romero, Macarena López, Sara Jiménez, Carmen Manzanera, Sara Arévalo, Ana Latorre, Carmen Angulo, Andoitz Ruibal, Daniel Morillo, Jesús Perona, Manuel Ramírez) que incorporaba asimismo gestos y movimientos inspirados en las faenas agrícolas —desarrollados y enriquecidos en la primera parte del espectáculo—.

Estévez y Paños sitúan además la obra en el corazón de la Andalucía rural, en la de los latifundios del XIX y del XX y en la de las manifestaciones jornaleras del XXI. Enfrentan así al jornalero airado con el señorito de turno (Antonio Ruz)  y con el campesinado sumiso. Transforman lo que en otras versiones de la obra eran enfrentamientos entre tribus rivales en una abierta y violenta confrontación entre el poder y la mano de obra.

En el espectáculo estrenado anoche abundan los hallazgos de todo tipo, especialmente los movimientos inspirados en las faenas del campo: siembra, siega, sudor, trilla... Con ellos construyen una primera parte que titulan Tierra, a la que ponen texto y música las voces de Rafael Jiménez "Falo", Sandra Carrasco, David el Galli e Israel Fernández.

En el conjunto del espectáculo, que vivía su primera noche, hubo muchas luces y algunas sombras —la excesiva duración de la primera parte fue la más destacada—. Hubo asimismo pequeños detalles de fácil corrección: ¿si las fuerzas del poder visten de negro, cómo es que Estévez y Canales (artista invitado) también lo hacen? La actuación de Estévez como una especie de maestro de ceremonias o director escénico pensamos que sobresalía en demasía. En otras épocas no muy lejanas las obras teatrales se terminaban de hacer a su paso por provincias para llegar a los escenarios madrileños en versiones perfectamente pulidas y rodadas. Esperamos que algo parecido suceda con esta.

El estreno de La consagración de la primavera  en Sevilla creemos que constituye todo un acontecimiento en la programación de esta Bienal y estamos convencidos de que cosechará sonados éxitos si se presenta en los principales festivales de danza europeos.

Zona cero


No es preciso inventarse una historia que luego nadie entiende, ni adentrarse en disquisiciones filosóficas para explicarla. Basta con echar la vista atrás, saber bailar, contar con un puñado de buenos profesionales y diseñar un recorrido por el baile flamenco, sus inmersiones y mestizajes con otras músicas. Ese parece ser el camino abierto en esta Bienal, con algunas de las propuestas que se han ido presentado: muDanzas Boleras, Rew y Zona cero, que presentó anoche en el teatro Alameda Sara Calero.

Versatilidad, originalidad, conocimiento y gusto son los ingredientes de este espectáculo, montado únicamente con cinco excelentes profesionales, un escenario en negro, unos puntos de luz mágicos y algunos elementos que proporcionan las claves de este viaje desde el punto cero del que parten —un círculo rojo y el tictac del reloj—  para pasearse por nuestro arte.

Abre el espectáculo un singular trío que marca el compás de unas panaderas sobre una mesa redonda y nos  remonta  al folclore popular. Le siguen unos fandangos del Cojo de Málaga, verdiales, fandango de Pérez de Guzmán, la almibarada milonga en la voz de Gema Caballero, los pícaros tanguillos, y sus referencias a las varietés de principios del siglo XX, donde conviven tutus, cuplés, género andaluz y flamenco. Los platos fuertes, a nuestro entender, fueron una espléndida y sugerente guajira, profusamente adornada con la originalísima bata de cola que lució Sara Calero en la que dejó constancia de su maestría en el uso de las castañuelas y la recuperación de la casi olvidada serrana, acompañada únicamente por el chelo, en la que Sara hace un guiño a aquel sensacional número de Aida Gómez, Cortina rasgada.

Fue un recorrido ágil y tremendamente creativo, con momentos de enorme plasticidad.  Esta imaginativa y versátil bailarina demuestra una sólida formación  en la que han ido quedando consistentes posos e influencias de sus diferentes etapas.

Igualmente encomiable es el resto del elenco: Gema Caballero (cante), Fernando de la Rúa (guitarra), Bruno Duque (saxo y flauta), Sergio Menem (chelo), Pedro Esparza y Raúl Márquez. Resaltamos también el diseño de iluminación de Tito Osuna, la escenografía de Fernando Calero y el vestuario de Carmen Granell.

Eulalia Pablo

lunes, 24 de septiembre de 2012

Carmen Linares le puso voz a Miguel Hernández



Carmen Linares les puso voz a los versos de Miguel Hernández y los hizo flamencos. Porque la voz de Carmen rozada, áspera, suave es flamenca. Porque los sentimientos de Miguel amor, dolor, protesta son flamencos. Porque la pasión con que los dijo Carmen es flamenca. Y es que el flamenco es precisamente eso: sentimiento y pasión. Y música —anoche la de Carmen y la de Luis Pastor. Todo eso fue lo que nos emocionó. 

Foto: A Acedo. Cortesía de la Bienal
Carmen cantó con las guitarras de Salvador Gutiérrez y Eduardo Pacheco y la percusión de Tino di Geraldo. Luego, se acercó al piano de Pablo Suárez e inundó de belleza el Maestranza. Con El sol, la rosa y el niño nos terminó de cautivar. Después, sola, a palo seco, nos estremeció con una sola frase: «No puedo olvidar». Fue la esencia del mensaje del poeta alicantino. Con ella y con toda su gente rodeándola, cerró el recital.

Quiso quitarle en algunos momentos un poco de la carga de amargura que se iba apoderando del espectáculo y se trajo a Tomasito, acompañado de un coro formado por Ana María González, Rosario Amador y Carmen Amaya. El jerezano es en el mejor sentido de la palabra un chuflero, la quitaesencia de la gracia festera, pero yo no creo que sus "cosas" tuviesen mucho que ver con la alegría propia de la juventud del poeta de Orihuela.

La dirección escénica demasiado entrar y salir corrió a cargo de Emilio Hernández.