jueves, 15 de diciembre de 2011

Mercedes Ruiz en la Sala Turina de Sevilla

Jerez tiene su forma de bailar: todo vivacidad, chispa, ajuste rítmico. Es el baile festivo por excelencia. Sin embargo, hoy se le exige a todo bailaor que sea lo más completo posible, que haga todos los palos, que invente, que coreografíe. Y eso es lo que hace Mercedes Ruiz.

Salió vestida a lo Carmen Amaya (chaquetilla y pantalón blanco) y lució los pies por farruca. Hubo momentos en los que nos acordamos de Gades. Lo cual es positivo y, a la vez, negativo. Positivo porque, sin duda, Gades es un referente obligado para la farruca. Negativo porque Mercedes no puede competir en solemnidad y empaque con el alicantino. Además ella bailó la música que le tocaba Santiago Lara. Y lo hizo bien.

Después se enfundó una bata de cola y nos trajo aires de la bahía por caracoles. Se estaba acercando a Jerez y se notaba. Mercedes era más Mercedes. Su baile cobraba vida. Empezaba a seducirnos.


Y llegó la hora de la verdad con la soleá por bulerías. Mercedes se había despojado de todo lo que es accesorio en Jerez. Ni pantalones ni bata de cola. Un sencillo, pero elegante, vestido y a bailar. Y bailó con todo su cuerpo, con cada centímetro de él. Poniendo vida, garra, temperamento y ese ajuste finísimo al compás que exige la ciudad de los vinos. Y convenció. Eso era Jerez. 

Le acompañaron Santiago Lara, dirigiendo con su guitarra el cuadro, las voces de Miguel Ortega y El Londro y la percusión de Perico Navarro. Arroparon perfectamente el baile de Mercedes y corrieron sus riesgos mezclando granaínas y seguiriyas y rematando romances y pregones con un contrapunto vocal que arrancó aplausos.

Fue, si nadie lo remedia, el último baile de unos recitales que se han convertido en cita obligada para todos los que disfrutan del arte flamenco en un local íntimo y respetuoso con el flamenco.

Fecha: 15 de diciembre de 2011.
Lugar: Sala Turina de la Fundación Cajasol.
José Luis Navarro