El jueves vimos a Patricia Guerrero sobre las tablas de la Sala
Turina. Acababan de otorgarle el Giraldillo a la Artista Revelación de la
pasada Bienal. Y bien que se lo merecía, porque en el espectáculo Las idas y las vueltas de Arcángel y
Fahmi Alqhai en el Alcázar bailó como los propios ángeles.
Nada me sorprendió esa actuación, porque para mí ya había sido
toda una revelación cuando solo tenía 16 años. Fue en otra Bienal, la de 2006,
en el ciclo +Jóvenes+Flamenco, celebrado en los Jardines del Valle. Entonces
escribí (La Flamenca,19):
Tiene 16 años y baila con un desparpajo propio de una bailaora de 35. Une el conocimiento de una temprana madurez y la frescura de una juventud plena. Hace un baile a la vez añejo y actual. Un baile que rinde culto a la forma granadina de entender e interpretar la danza, pero que ya empieza a tener rasgos personales. Un baile espontáneo y rico en todo tipo de pasos y movimientos. Patricia se ensimisma en los hondones del sentimiento y la pasión y baila con todo su cuerpo. Un cuerpo que respira y vibra ajustado al más exigente compás. Sabe poner el tono picarón con hombros y caderas cuando se arranca por tangos y le da seriedad al rostro y a la figura cuando se estremece por seguiriyas [...] Patricia Guerrero ha sido una niña prodigio y hoy es una jovencísima bailaora llamada a convertirse a muy corto plazo en una auténtica figura del baile flamenco.
Patricia Guerrero en el Festival de La Unión. 2007. |
Creo que no me equivoqué en nada. Luego consiguió el Desplante
Minero en La Unión en 2007 y ahora es una consumada bailaora. Le sobran tablas
y tiene todo el aplomo de una veterana. Y todo sin perder ni un ápice de la
espontaneidad de una chiquilla que respira baile por los poros. Lo volvió a
demostrar sobradamente en la Sala Turina. Nos regaló un recital en el que puso
de todo: imaginación para componer figuras de una estética personal por
malagueñas y abandolaos, dominio del mantón por granaínas —bien podría llamar a
esa creación «la granadina del mantón»—, desparpajo albaicinero por tangos y pasión
y genio por soleá por bulería. Es decir, baile y más baile, sin innecesarias historias
ni filosofías.
La acompañaron al cante David el Galli y Moy de Morón con la guitarra
de Luis Mariano Renedes y la percusión
de Miguel el Cheyenne.
José Luis Navarro